LEROY YOUNG
- BRUNCH

- 3 ene
- 1 Min. de lectura

Yo le pido a mi madre que cante
Ella comienza, y mi abuela se le une.
Madre e hija cantan como niñas pequeñas.
Si mi padre estuviera vivo tocaría
su acordeón, balanceándose como un bote.
Nunca he estado en Pekín, o en el Palacio de Verano,
ni en el gran Bote de Piedra mirando
cómo empieza a llover en el Lago Kue Ming,
y cómo los campistas huyen por el pasto.
Pero me gusta oír ese canto;
cómo los lirios acuáticos se llenan de lluvia
hasta volcarse, derramando en agua el agua,
oscilando, para llenarse de nuevo.
Ambas mujeres han empezado a llorar.
Pero ninguna detiene su canto.






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