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ALFONSINA STORNI

  • Foto del escritor: BRUNCH
    BRUNCH
  • 9 mar
  • 2 Min. de lectura

Carta lírica a otra mujer


Vuestro nombre no sé, ni vuestro rostro

conozco yo, y os imagino blanca,

débil como los brotes iniciales,

pequeña, dulce... Ya ni sé... Divina.

En vuestros ojos, placidez de lago

que se abandona al sol y dulcemente

le absorbe su oro mientras todo calla.


Y vuestras manos, finas, como aqueste

dolor, el mío, que se alarga, se alarga,

y luego se me muere y se concluye,

así como lo veis, en algún verso.


¡Ah!, ¿sois así? Decidme si en la boca

tenéis un rumoroso colmenero,

si las orejas vuestras son a modo

de pétalos de rosas ahuecadas.....

Decidme si lloráis, humildemente,

mirando las estrellas tan lejanas,

y si en las manos tibias se os aduermen

palomas blancas y canarios de oro.

Porque todo éso y más vois sois, sin duda,

vos, que tenéis el hombre que adoraba

entre las manos dulces, vos la bella

que habéis matado, sin saberlo acaso,

toda esperanza en mí... Vos su criatura.

Porque él es todo vuestro: Cuerpo y alma

estáis gustando del amor secreto

que guarde silencioso.....Dios lo sabe

por qué yo no alcanzo a penetrarlo.

Os lo confieso que una vez estuvo

tan cerca de mi brazo, que al extenderlo

acaso mía aquella dicha vuestra

me fuera ahora......¡Sí!, acaso mía......

Mas ved, estaba el alma tan gastada

que el brazo mío no alcanzó a extenderse,

¿Comprendéis bien ahora? Ahora, en vuestros brazos

él se adormece y le decís palabras

pequeñas y menudas que semejan

pétalos volanderos y muy blancos.

Acaso un niño rubio vendrá luego

a copiar en los ojos inocentes

los ojos vuestros y los de él unidos

en un espejo azul y cristalino.......

¡Oh, ceñidle la frente! ¡Era tan amplia!

¡Arrancaban tan firmes los cabellos

a grandes ondas, que al tenerla cerca

no hiciera yo otra cosa que ceñirla!

Luego, dejad que en vuestras manos vaguen

los labios suyos; él me dijo un día

que nada era tan dulce al alma suya

como besar las femeninas manos....

Y acaso alguna vez, yo, la que anduve

vagando por fuera de la vida

- cómo aquellos filósofos mendigos

que van a las ventanas señoriales

a mirar sin envidia toda fiesta-

me allegué humildemente a vuestro lado

y con palabras quedas, susurrantes,

os pida vuestras manos un momento

para besarlas yo, como él las besa.....


Y al descubrirlas lenta, lentamente,

vaya pensando, aquí se aposentaron

¿cuánto tiempo, sus labios, cuánto tiempo

en las divinas manos que son las suyas?


¡Oh, qué amargo deleite, este deleite

de buscar huellas suyas y seguirlas,

sobre las manos vuestras tan sedosas,

tan finas, con sus venas tan azules!


¡Oh, que nada podría, ni ser suya,

ni dominarle el alma, ni tenerlo,

rendido aquí a mis pies, recompensarme

este horrible deleite de hacer mío

un inefable, pasionado rastro.

Y allí en vos misma, sí, pues sóis barrera,

barrera ardiente, viva, que al tocarla

ya me remueve este cansancio amargo,

este silencio de alma en que me escudo

este dolor mortal en que me abismo,

esta inmovilidad del sentimiento

que sólo salta, bruscamente, cuando

nada es posible!


Alfonsina Storni (Capriasca, Suiza, 1892​​​​-Mar del Plata, Argentina, 1938)
Alfonsina Storni (Capriasca, Suiza, 1892​​​​-Mar del Plata, Argentina, 1938)

 
 
 

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